Breve y libre comparativa entre La Sonata a Kreutzer, de León Tolstoi y El Túnel, de Ernesto Sabato

La recomendación de esta semana quiero hacerla a través de una comparación:

(Antes debo aclarar que para mí, las letras, o las obras mismas, una vez inmortales en el mundo de los mortales, comparten un tiempo común en el gran abanico de posibilidades de un lector. Desde el lector y su posibilidad, nace este artículo). Prosigo:

Aprovechando la ocasión de que se realizaron la semana pasada las jornadas de la lucha contra la violencia de género, y, guardando las distancias entre estos dos monumentales escritores, quiero destacar las grandes analogías,(hacer una breve comparativa, un símil) entre La sonata a Kreutzer, de León Tolstoi y El Túnel, de Ernesto Sábato; salvando, por supuesto, sus lógicas y necesarias diferencias.

Las dos tratan el tema de la violencia de género, en este caso machista, tomándolo como escenario para un análisis superior. Las dos lo hacen desde una óptica dónde la culpa juega un papel fundamental. Aunque aquí entramos en terreno de sus diferencias: Una, El Tunel, se desarrolla al estilo de una novela policial; bajo la confesión de un hombre que no deja de estar confuso ante la inevitable certeza que tiene de sus actos, más no desvelaré, pero anticiparé que también es el lector el que se ve arrastrado a su juego rápidamente tomando partido por un lado u otro de su, a veces enfermo, razonamiento. En la otra, vemos a un hombre ya de vuelta de lo acontecido pero infinitamente triste, no confundido, con muchas “razones” morales y certezas sobre una humanidad torpe que, bajo su influjo y mal proceder, condena al Hombre al pecado o incluso al crimen.

Volviendo a los puntos en común, ambas historias están narradas en primera persona, son ágiles, un relato largo (o una novela corta) de fácil e intensa lectura. Tratan un tema similar, aunque de muy diversa manera, el crimen es análogo, no, como es fácil comprobar, los hechos que llevan al mismo, y muy similar su realización, aunque infinitamente más tortuoso en La Sonata a Kreutzer; el objeto material del crimen es el mismo, un cuchillo(en El tunel), que en manos de un asesino, se convierte en un puñal(en La Sonata…).

Sí es verdad que un exceso de imaginación de mi parte puede hermanar  estas dos historias; (hay una gran diferencia en el estilo de sus autores y no me refiero al naturalismo de Tolstoi o al estilo sicológico de Sabato, sino a algo intrínseco en cada uno de ellos: Tolstoi hace de su personaje un hombre que, a pesar de todo, tiene un discurso doctrinante, es pausado una vez ida la furia de la tormenta, bajo su tormento, y que parece haber aceptado la culpa repartiéndola en ser víctima también de un mundo rengo e irregular, deficiente. En cambio, el personaje de Sabato es un hombre desesperado, posiblemente triste y melancólico. De la misma manera puede uno imaginar al propio Sabato, no en lo desesperado, pero sí en lo que a tristeza se refiere, (cualquiera puede acercarse a la entrevista de Joaquín Javier Solano, dónde podrá encontrar allí a un escritor de mirada triste, lastimosa, que parece haber aceptado también el hecho de ser víctima de un mundo cojo que él no ha logrado cambiar)).

Me atrevería a decir, y sí me atrevo, que bien podría haber escrito Sabato La Sonata… Sin embargo, no me animo a aseverar que Tolstoi podría haber exacerbado su espíritu para escribir El Túnel, pero, tratándose de quién se trata, tampoco me animaría a decir lo opuesto.

Aún así, queda por rescatar que son dos obras de esas que ponen a funcionar los engranajes mentales a la vez que sus protagonistas articulan su pensamiento y sus acciones. Una, La Sonata a Kreutzer, busca rescatar aquellos valores que sucumben ante las pasiones. Es una crítica del desconocimiento que sufre la Humanidad sobre sí misma. La otra, la desesperada ambición de un hombre que aspira a ser completo, o a conseguir algo de clarividencia en su desconcertante y escéptico mundo. Ambas logran su cometido desde el espanto que nos produce, ya de entrada, los crímenes a narrar.

Los celos, ese arrebatado sentir, fuerte y poderoso como una violenta avalancha, está presente en las dos obras, como presente está en cada uno de nosotros cuando inseguros nos enfrentamos a lo indómito, a lo que amamos o simplemente, queremos poseer.

(Para conocer la bibliografía o las biografías de Ernesto Sabato, recientemente fallecido, o de Liev Nikoláievich Tolstói, sólo hace falta clickear sus nombres en cualquier buscador).

William Blake. El Matrimonio del Cielo y el Infierno

Espera veneno del agua estancada.                                   William Blake. <<Proverbios del Infierno>>.

Todo aquel que sospecha que el mundo no termina donde los sentidos nos ordenan, se acerca, de una u otra manera, a William Blake. 

Para agotar algún dato biográfico apuntaré que nació en Londres, en 1757, y murió también allí, en 1827.

En el aspecto literario, o de compendio literario, no se puede encasillar facilmente a William Blake, y creo que eso le habría reconfortado. No pertenece a ningún movimiento, aún así, lo reclamen los románticos. Esta cualidad puede deberse sin duda a su carácter intrínseco de inconformista y rebelde. Porque ante todo, W. Blake, fue un rebelde; un espíritu díscolo que sabía, con toda la certeza que la intuición reclama, que el mundo que pisaba era tan sólo una ignorante pantomima, un cojo borrador apresurado, de lo mucho que nos falta por descubrir en nuestro ciego andar. Sufriendo, además, algún que otro altercado con la ley.

Fue pintor, grabador, (de la Royal Academy, fue expulsado, al poco tiempo de haber sido admitido, por desavenencias estéticas con su director, sir Joshua Reynolds), de educación fundamentalmente autodidacta y gran lector de Platón, de la cábala, de Swedenborg y de textos ocultistas. 

Es el discípulo contestatario de Swedenborg. Místico desde su más temprana edad, dónde, de niño, ya gozaba o sufría de sus Visiones.

No creó escuela, aunque eso puede afirmarse tan sólo en apariencia, porque muchos fueron inspirados por  sus versos, llegando incluso al mundo de la música, recordemos el ejemplo de James Douglas Morrison, asiduo lector de William Blake.

Fue capaz de los versos más cultos, difíciles e inspirados, casi doctrinantes, (como todos los de “proverbios del infierno”), y de intercalar en ellos sonsonetes, ritmos de canciones populares; es capaz de la argumentación más elevada, valiéndose de distintos medios para ello. Todo en William Blake encierra un sentido, profundo y amplio, es un mensaje continuo que como un guía o un faro, nos adentra en un mundo que también es posible. No por nada es uno de los místicos por excelencia.

En vida, su nombre no gozó de la fortuna que ahora nos habla de un hombre por todos conocido. Recién a partir del S.XX es considerado uno de los grandes poetas que Inglaterra pudo parir.

La pasión bien puede ser un lugar común a todos los hombres, y hacer de un orden determinado, (en este caso la literatura), un lugar indeterminado donde hombres como Willliam Blake disfrutan de poderosas alas en una imaginación que, platónicamente, convierte luego todo en exquisita o perturbadora realidad.

Gran prueba de ello es El Matrimonio entre el Cielo y el Infierno, y el general de su poesía. De la cual, más que su lectura, recomiendo atesorar como una gran compañera de vida.

(Para consultar una lista de la bibliografía de W. Blake, o una biografía completa, no hace falta más que clickear su nombre en cualquier buscador).

Stevenson y “El extraño caso del Dr Jekyll y Mr Hyde”

*Hay dos deberes que incumben a cualquier hombre que se dedique a escribir: ser fiel a los hechos y tener un buen espíritu en su tratamiento.                                                  Robert Louis Stevenson. Essays Literary & Critical. <<Morality of the profession of letters>>

Cuenta Jorge Luis Borges, en los Prólogos de la Biblioteca de Babel (Alianza Editorial, pág. 77), que Robert Louis Stevenson nació en Edimburgo, en el año 1850. Que estudió ingeniería y derecho, pero que su pasión fue la literatura. Habla de él como de un viejo amigo; y no dudo, a pesar de no haber coincidido en tiempo y espacio, que él lo sintiera así, (la prosa de Stevenson es generosa y lleva consigo la cadencia cómplice de una voz cercana). Hace la observación de que su nombradía, y la fama de sus obras, no se eclipsan, y van, cordialmente, de la mano. Cuenta cómo la tuberculosis impulsó a Stevenson a buscar parajes más aptos para el cuidado de su frágil salud. Cómo conoció a su mujer, Lloyd Osbourne, que era norteamericana y que estaba casada (al enviudar ésta, él fue a buscarla aventurándose a través del Atlántico y luego atravesando el continente en un vagón de tercera clase).

Nos deja saber que Stevenson era un escritor prolífico y aplicado, de esos que hacen parecer fácil el oficio que desarrollan con soltura.

En un otoño lluvioso escribió La Isla del Tesoro, <<en tantos capítulos como noches>>, para su hijastro. Algo parecido cuentan del libro que nos trae a estas líneas. Dice, casi toda biografía, que Stevenson escribió “El extraño caso del Dr…” en tres noches. Luego quemó aquel manuscrito a causa de unas correcciones aconsejadas por su mujer, para empezar de cero, y   re-escribir la historia en otros tres días, demorando no más de tres semanas en las posteriores correcciones.

El relato, tan ágil como inquietante, trata la idea del doble. De la confrontación entre el bien y el mal que habita en nuestro interior… pero la historia es por todos conocida, aunque sea de oídas, por lo cual evitaré aquí su resumen.

Recomiendo la lectura de este libro que, a diferencia de otros libros que tratan la idea del doppelgänger (incluido Demián de Herman Hesse),  no pierde su frescura, su intriga, su niebla misteriosa o su aroma inquietante y a veces sombrío.

Apunta Borges la futilidad de los intentos por llevar al cine este relato, empeñándose los creadores en utilizar un solo actor, en vez de dos, para interpretar ambos papeles, <<para que su identidad fuera más asombrosa>>.

Stevenson murió en una isla del Pacífico, en 1894. (para ver más sobre este autor, incluida su bibliografía, basta con clickear su nombre en cualquier buscador).

Para terminar volveré a citar a Borges, quién nos acompañará como un inmejorable guía en las distintas entradas de los Anaqueles de Babel:

<<Stevenson fue un artífice del estilo. Creía que el ejercicio de la prosa era harto más difícil que el del verso, ya que, una vez compuesto un verso, éste nos da el modelo para los otros, en tanto que la prosa exige variaciones continuas, gratas y encadenadas. Estudió el predominio de un sonido sobre otro y el juego eficaz de sus transiciones>>.  

La imaginación de Stevenson era fértil. “El extraño caso del Dr Jekyll y Mr Hyde” es una grata prueba de ello.